¿Tu pareja no quiere tener sexo…contigo?

3 octubre, 2016 7 mins de lectura
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Hay etapas en las que casi naturalmente bajamos la frecuencia de nuestros encuentros sexuales; es tan común en parejas con historia larga, que a veces perdemos de vista su impacto en nuestra conexión y dinámicas. Sí, llevamos juntos un buen tiempo, digamos que al menos tres años (no se diga 10 o 15), y… bueno, nos llevamos bien; sin embargo, en el tema sexual andamos en cero o en ‘no satisfactorio’.

Puede ser que, como pareja, tengamos una buena eugamia, es decir, nos conocemos, nos complementamos, las dinámicas que estructuran nuestra convivencia nos hacen felices, nos amamos y sabemos que queremos compartir el camino y seguir trabajando nuestras áreas de oportunidad: podemos negociar, perdonar, balancear nuestros desacuerdos. Somos una pareja sana en lo que se refiere a convivencia. ¿Entonces por qué no hay sexo?

Es un tema muy complejo, pero podemos ir descifrándolo. De inicio, darnos cuenta de que ya no estamos químicamente enamorados. Digamos que nuestro cerebro tiene una capacidad química de mantenerse enamorado de no más de tres años. Todas esas sustancias que nos hicieron caer en el enamoramiento – la feniletilamina que inundó nuestros cables haciéndonos crear la bomba de dopamina, noradrenalina, y muchos otros componentes del coctel letal – ya se han desgastado; o sea, es imposible; sí, im-po-si-ble, vivir enamorado.

Hay una gran diferencia entre AMAR y estar enamorado. La primera surge como el ‘efecto’ o consecuencia de un enamoramiento consumado. O sea, una vez que cayeron los velos (que la dopamina nos cegó impidiéndonos ver ‘los defectos’) y entonces vimos a la persona como es; una vez que creamos transacciones sociales, emocionales, y hasta profesionales que nos indicaron que esa persona es con quien queremos estar realmente, entonces es cuando la amamos. Eso es amar. Antes sólo estábamos enamorados.

Se les fugó el deseo

No estamos hablando de falta de deseo sexual, de ausencia de fantasías o sensaciones que nos pulsan los genitales. Nuestro cuerpo se activa y el imaginario erótico se dispara cuando percibimos un estímulo. Sin embargo, un día tenemos que aceptar que llevamos dos… ¿meses?, o mucho más sin tener siquiera eso que solíamos llamar faje. Y lo peor, no tenemos intenciones de tenerlo. Pero, ¡amamos a esa persona!, somos felices dentro de nuestro universo de múltiples dimensiones, vivencias, recuerdos; metas. No queremos una separación, pero ¿por qué no nos deseamos?

Simple, nos olvidamos de la frecuencia, la cual es vital en la secreción de dopamina. Menos tenemos, menos queremos y podemos culpar de ello a nuestro núcleo accumbens; un centro de recompensa cerebral. Cuanto más se activa, más dopamina secreta y experimentamos más placer lo que nos insta a buscar más. Es decir, si tenemos sexo con mayor regularidad, en vez de sentir menos deseo, nos adaptaremos a la nueva frecuencia y el cuerpo nos instará a una mayor búsqueda.

Pero como nos bajamos del carrusel del enamoramiento y cayeron los velos de falsas expectativas que le habíamos otorgado a nuestra contraparte, (lo cual no significa que no encontremos maravillosas virtudes en ella); como una respuesta casi imperativa, disminuimos esa frecuencia y nos articulamos ya sin la obsesión por tocarnos y mantener el apego físico. No obstante, y aunque suene poco romántico, mantener el deseo a flote depende de crear el hábito de desear. Ya no vendrá el impulso a inundarnos sin podernos defender de sus calenturientos efectos, tenemos que crearlo, tenemos que hacernos el hábito del erotismo.

El erotismo es la capacidad que tenemos para contactar a través de nuestros cinco sentidos. La conexión entre amantes parte de la información que estos envían a las neuronas creando memorias. Podemos recordar a una persona por un aroma o un perfume y casi sentir de nuevo lo que nos disparaba cuando estábamos juntos. Esas interrelaciones neuronales son indispensables en la construcción del deseo. Pero crear erótica también está en lo no sexual, de hecho nada sexual.

Tener presente la experiencia de disfrutar y percibir sensaciones placenteras también crea memorias que nos conectan como amantes y eso requiere erótica de vida. Para el cerebro es complejo crear y sentir deseo en un cuerpo acostumbrado a permanecer horas en posturas incómodas o en dolor físico, escuchando ruido, percibiendo imágenes poco armoniosas u olores desagradables. Cuando la rutina de vida impide un enlace con el gozo, resultará mucho más complejo excitarse, no se diga cuando el deseo debe construirse desde el hábito. Por lo tanto, el primer paso está en un rediseño de actividades diarias, dándose espacio para recordarle al cuerpo lo que se siente experimentar placer.

Plan de 21-40 días

De acuerdo con las neurociencias, se requiere de al menos 21 días (40 es lo ideal) para crear un hábito nuevo. El siguiente paso para habituarnos a desear y reconectar con quien alguna vez nos tuvo sobre-erotizados, está en metódicamente crear espacios de contacto por medio de los cinco sentidos. Como todo hábito dejará de ser metódico y creará respuestas automáticas. Sólo se necesita colaboración consciente de ambas partes y la claridad de que como todo proceso requiere paciencia.

  1. Estar, estando

    No por compartir una habitación se está creando erótica. Deben incluir ingredientes que los conecten. Ya sea escuchar música o comer algo delicioso pausadamente y viéndose a los ojos o compartiendo una charla. Y sobre todo, estar presentes. Mantener la mente en esa persona.

  2. Tiempo efectivo sólo para los dos

    Aunque la erótica debe estar en toda área de la vida diaria, deben especificar espacios y momentos dedicados a reconectar como amantes. Desde ir al cine o a cenar solos el fin de semana hasta definir una noche a la semana para dejar todo y dedicarlo a la pareja y nada más.

  3. Contacto físico obligatorio

    Sientan o no el impulso, dense un largo abrazo, bésense o deslicen sus dedos de pies a cabeza. Deben aplicarlo como un ejercicio cada día variando los estímulos. Tengan presente que, aunque parezca paradójico, puede ser el paso más complejo, porque la mente comienza a jugar con nosotros: nos puede hacer sentir que no será posible volver a reconectarnos. Es un efecto de control y resistencia al cambio.

  4. Despertar memorias emotivo-sensoriales.

    Así como los sentidos tienen que volver a enviar información a nuestros cables, así las emociones. Recordar cómo nos conocimos, los momentos que nos hicieron sabernos amados, los días complejos que sobrevivimos, son dinamita como creadores de deseo. Esas memorias se encienden y activan; por ende se dará una necesidad de contacto.

  5. Sexo rediseñado.

    Ya se conocen, ¿por qué no ser honestos y encuerar sus más reales necesidades y fantasías? Si van a volver a lo conocido, a su coreografía, le costará mucho más al cerebro crear interés y expectativa. Ojo, la EXPECTATIVA es el ingrediente vital del deseo, deseamos lo que se nos promete, lo que no crea ansiedad. La repetición de coreografía sexual es letal para mantener el deseo a largo plazo.

Con base en sus mapas eróticos y expresiones sexuales deben crear una nueva apertura. ¿Quién dice que no puede ser mejor que antes?

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