Solo lo que quieras, por Regina Favela

27 septiembre, 2017 5 mins de lectura
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Llegaron a la misma fiesta buscando dos destinos distintos. La fiesta era en la azotea de un edificio y se podía admirar la ciudad entera desde ahí arriba. Ella llevaba un vestido de cocktail azul metálico con un gran escote. Lo que más llamaba la atención era su rostro inocente, no su cuerpo candente. Tenía el pelo corto y negro que contrastaba contra su piel blanca. Se escondía bajo el mechón que caía sobre su rostro, y se mordía el labio revelando su propia inseguridad. Él llevaba una camisa negra con las mangas dobladas que hacían notar sus brazos tatuados y fuertes. Tenía una gran barba pelirroja que mantenía con mucho cuidado. 

Él la vio desde el otro lado de la azotea, ella le sonrió y le dio un trago a su vaso de manera coqueta. Eso fue suficiente para que él se acercara a ella y le sacara una plática superficial para ver si al final ella caía y podían tener un encuentro efímero en el baño o en su coche. La plática solo duro unos segundos, unas cuantas palabras y, con un movimiento delicado y coqueto, le quitó el mechón de la frente y acercó su cara a la de ella. Se besaron y ella probó los labios de quien le quitaría el sueño las noches por venir, sería él por quien se tocaría a mitad de la noche. La idea la hacía sonrojarse, no quería parar de besarlo.

beso apasionado

Él, casi a modo de reflejo, bajó una mano por su espalda hasta llegar a su cintura, a su cadera, a su culito. Él ya lo tenía duro y quería más. Quería sentirla por dentro, penetrarla y tocarla toda. Quería verla ya sin ropa y abierta de piernas. Separó sus labios de los de ella. Le preguntó si quería ir a otro lugar donde los dos pudieran estar solos. Ella aceptó, se sirvió otra copa, le tomó la mano y se fueron.

Tomaron el elevador para bajar a la calle. Los 20 pisos que bajaron tuvieron un efecto afrodisíaco en ellos. Ella solo pensaba en ser acorralada y besada por él. Él solo pensaba en subirle el vestido y cogérsela ahí mismo. Pero nada de eso pasó pues no tuvieron suficiente tiempo para meditar cada uno sus movimientos, ella solo pudo acabarse su trago y él tuvo que disimular su respiración acelerada. Salieron del edificio y comenzaron a caminar por la banqueta, hablando de cosas sin importancia, hasta que llegaron a su coche. Un Audi A7 blanco, impecable. Ella inventó que estaba sintiendo frío solo para que pudieran meterse a su coche. Le abrió la puerta del copiloto, cerró la puerta y se fue a sentar del lado del piloto.

Siguieron hablando unos minutos, cuando ella no pudo más, se trepó en él y lo besó apasionadamente. Él le levantó el vestido dejando al descubierto su culo y su coño, no traía nada por debajo del vestido. La respiración de ambos se había acelerado. Ella podía sentir su erección presionando contra su pantalón, en su coño empapado. Volvió a posar una mano sobre sus nalgas y con la otra le metió dos dedos y con otro estimbulaba el clítoris. Estaba mojada, empapada, lista para que la penetrara. Ella solita se tomó el pecho y se pellizcó los pezones. Las ventanas ya se habían empañado por el calor que emitían. No les importaba lo que pasara fuera del coche, ese momento era suyo. 

Ella se quitó el vestido, quedó completamente desnuda. Él llevó sus labios a uno de sus pechos pequeños y lo saboreó y mordisqueó. Se desabrochó el pantalón y liberó su pene. Grueso, grande, duro. Le dio unos golpecitos en el clítoris con su pene. Ella le desabrochó la camisa y dejó al descubierto su pecho suave pero musculoso, recorrió con sus manos la tinta que cubría su piel. Él tomó su miembro y lo movió para poder penetrarla, pero ella puso su mano sobre la de él como señal de que parara. Le preguntó que si todo estaba bien. Ella respondió que sí, pero que no quería coger esa noche, que quería hacerlo en otro momento. No quería que fuera una cogida, nada más, ella quería asegurarse que fuera una de muchas. Le dijo que estaba bien, que así sería, que no haría nada que ella no quisiera. La besó y la siguió tocando y mordisqueando. Ella seguía excitada, prendida, muy mojada. La hizo venirse con su mano, se llevó los dedos a los labios y le dijo que no podía esperar para tener ese sabor de nuevo en su boca. 

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