Poesía erótica de José Manuel Caballero

6 febrero, 2019 2 mins de lectura
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A batallas de amor, campo de plumas

Ningún vestigio tan inconsolable

como el que deja un cuerpo

entre las sábanas y más

cuando la lasitud de la memoria

ocupa un espacio mayor

del que razonablemente le corresponde.

Linda el amanecer con la almohada

y algo jadea cerca, acaso un último

estertor adherido

a la carne, la otra vez adversaria

emanación del tedio estacionándose 

entre los utensilios de la noche.

Despierta, ya es de día, mira

los restos del naufragio

bruscamente esparcidos

en la vidriosa linde del insomnio.

Sólo es un pacto a veces, una tregua

ungida de sudor, la extenuante

reconstrucción del sitio

donde estuvo asediado el taciturno

material del deseo.

Rastros hostiles reptan entre un cúmulo

de trofeos y escorias, amortiguan 

la inerme acometida de los cuerpos.

A batallas de amor campo de plumas.

Espera

Y tú me dices

que tienes los pechos vencidos de esperarme,

que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,

que has perdido hasta el tacto de tus manos

de palpar esta ausencia por el aire,

que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me lo dices que sabes

que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,

de golpear mis labios con la sed de tenerte,

de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,

una nueva manera de rescatarte en besos

desde la ausencia en la que tú me gritas

que me estás esperando.

Y tú me lo dices que estás tan hecha

a este deshabitado ocio de mi carne

que apenas sí tu sombra se delata,

que apenas sí eres cierta

en esta oscuridad que la distancia pone

entre tu cuerpo y el mío.

¡Dale sentido a tus sentidos!

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