Dos poemas eróticos de Adrienne Rich

28 agosto, 2019 2 mins de lectura
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El poema flotante, sin numerar

Pase lo que pase con nosotras, tu cuerpo 

vivirá en mí… tierno, delicado,

tu forma de hacer el amor, 

como la fronda semi enroscada del helecho en espiral en los bosques 

recién bañados por el sol. Tus viajeros y generosos muslos

entre los cuales mi rostro entero se hunde una y otra vez… 

la inocencia y sabiduría del lugar que mi lengua ha encontrado ahí…

La viva, insaciable danza de tus pezones en mi boca…

Tu forma de tocar, firme, protectora, investigándome, 

tu lengua fuerte y tus finos dedos 

llegando donde te estuve esperando por años, 

en mi rosa, húmeda cueva…

Pase lo que pase, esto es.

Poema II

Me despierto en tu cama. Sé que estuve soñando.

Mucho antes nos separó la alarma, y estás

desde hace horas en tu escritorio. Sé lo que soñé:

nuestra amiga, la poeta, entra en mi cuarto

donde llevo días escribiendo, hay borradores,

carbónicos y poemas desparramados por todas partes,

y quiero mostrarle un poema

que es el poema de mi vida. Pero dudo,

y me despierto. Me besaste el pelo

para despertarme. Soñé que eras un poema,

te digo, un poema que le quería mostrar a alguien…

me río y vuelvo a soñar otra vez 

con el deseo de mostrarte a todos los que amo,

de andar juntas sin reservas

con el impulso de la gravedad, que no es simple,

que arrastra un largo trecho al plumerillo en el aire exhalado.

¡Dale sentido a tus sentidos!

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