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Relato erótico “Reencuentro”, por Ivo

Por: Redacción Kinky

¿Alguna vez has deseado reencontrarte con alguien de tu pasado para reavivar el fuego y tener una noche de pasión? Vive esa fantasía con este delicioso relato.

Relato erótico “Reencuentro”, por Ivo
¿Alguna vez has deseado reencontrarte con alguien de tu pasado para reavivar el fuego y tener una noche de pasión? Vive esa fantasía con este delicioso relato.

Todo sucedió alrededor de la una de la mañana, cuando venía de regreso de una reunión con algunos amigos, argumenté que tenía que levantarme temprano al día siguiente para zafarme, pero la realidad era que esa vez no quería sufrir los estragos de la desvelada y la resaca del día siguiente, de cualquier manera, nos veríamos una semana después para darnos el abrazo y los parabienes en vísperas de Navidad. 

En fin, me encontraba manejando con dirección a mi casa y pasé por un salón de eventos, adentro se estaba celebrando alguna fiesta empresarial de fin de año. El semáforo en rojo me hizo detenerme justo en la entrada principal, en donde algunas personas se encontraban fumando y otras tantas recibían sus autos del valet parking listos para marcharse. Poco antes de que el semáforo cambiara a verde, vi a una mujer como de 30 años que parecía estar esperando un taxi, algo llamó mi atención que evitó que pudiera quitarle la mirada, cuando levantó la cara la reconocí. 

Habían pasado muchos años desde la última vez que la había visto, ella aún se encontraba en la universidad y salimos un par de veces, pero se tuvo que mudar a otra ciudad y desde entonces no había sabido nada de ella, solo sabía que me encantaba y que algo había quedado inconcluso. Sin dudarlo, bajé la ventanilla y la llamé por su nombre, se acercó dudosa, quizás para verificar si yo era el taxi que esperaba, aún recuerdo su expresión del momento justo en el que me reconoció. Le dije que yo la llevaría y se subió sin dudarlo. No dijimos ninguna palabra durante mucho rato, era una catarsis de emociones y lo único que rompió el silencio fue cuando le pregunté si tenía que llegar a casa, contestó que no. 

Desvié el rumbo y después de un tramo de conversación ininteligible por los nervios y el impacto que nos causaba coincidir nuevamente, llegamos a un hotel. Subimos por el elevador y nuestras miradas se encontraban magnetizadas, como si adivinaran el futuro que estaba por suceder. Caminamos hacia la habitación, ella iba dos pasos adelante de mí, inserté la tarjeta para abrir la puerta y cuando me atravesé para hacerlo pude percibir el olor de su cabello. Se quedó inmóvil a cinco pasos de la entrada, me acerqué por atrás e hice a un lado el cabello ondulado que cubría su cuello, comencé a besarlo mientras le acariciaba los hombros, los brazos, las manos y la cintura. Suavemente subí a los hombros nuevamente y deslicé hacia abajo los tirantes del vestido azul que traía puesto, sus senos quedaron expuestos con los pezones erectos e iluminados por la luz tenue de la habitación, el vestido cayó por completo; mientras, mis manos recorrían su pecho, su vientre, su cadera, el costado de sus piernas y regresaban por la misma ruta, no podía dejar de besarla y aspirar su perfume combinado con su propio aroma a vainilla. 

Pareja haciendo el amor

Giró hacia mí y comenzó su propia rutina de besos y caricias, me quitó la playera y el pantalón de mezclilla, yo recorría suavemente con mis manos toda su espalda y sus nalgas, eso la encendía aún más, la tomé por la cintura para pegarla hacia mí sin dejar de besarla, y pudo sentir la erección que me provocaba. Tomó control de la situación, me pidió que me sentara en una silla y fue bajando lentamente hasta quedar de rodillas frente a mí, me quitó el bóxer poco a poco mientras su lengua recorría mi abdomen, justo en el momento en el que quedé desnudo totalmente, la tomé del cabello con una mano y tiré hacia atrás con fuerza para que su rostro quedara viendo en mi dirección, la besé con mayor intensidad y sin soltar su cabello la fui acercando a mí, mientras que con mi mano derecha sostenía mi pene erecto. Se lo acerqué despacio, abrió la boca y alcancé a sentir el calor de su aliento, pero se lo retiré nuevamente, su deseo para ese momento ya era incontenible. Alcanzó a rozar la punta con su lengua y tomó el control nuevamente, comenzó a lamerlo por completo logrando que cada vez se viera más brilloso, lo introdujo a su boca, bajaba y subía con cadencia, le excitaba sentirlo tan duro y solo para ella. 

Me incorporé y la recosté en la cama. Estando boca arriba, le quité la ropa interior y vi que se encontraba húmeda y transparente a la altura de la entrepierna, esa imagen me volvió loco, comencé a besar sus muslos y con la lengua recorría el borde de su vagina mientras sus pétalos de carne parecían cobrar vida. Pasé mi lengua por encima y la introduje en ella, sentía y saboreaba su calor intenso, comencé a rodear su clítoris mientras que mi barba se empezaba a mojar con su humedad. Sus manos se aferraban al edredón de la cama, pálidas por la fuerza que hacían, y en ese momento me levanté y entré en ella, hundió sus uñas en mi espalda y la embestí con mayor fuerza, nuestros cuerpos se sincronizaban a la perfección. Cambiamos de posición y quedó sentada sobre mí. Pude sentir todo el esplendor de su calor y contemplar de cerca a aquella mujer que me había vuelto loco muchos años atrás. Me aferré a su cintura y la apreté contra mi cuerpo mientras el vaivén se intensificaba, su cuerpo comenzó a tener espasmos mientras yo sentía cómo sus fluidos escurrían sobre mis piernas, inevitablemente eso me hizo explotar dentro de ella con una corriente intensa. Nos relajamos al mismo tiempo y respiramos profundamente, nos quedamos mirando, sabiendo que no volvería a pasar tanto tiempo para nuestro siguiente encuentro. 

Al final sí me desvelé y al otro día sí tuve una resaca, pero distinta, la resaca que solo conocemos los que pasamos una noche de pasión con alguien que apenas conocemos pero que nos invita a que vuelva a suceder.

¡Dale sentido a tus sentidos!

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