Sexo y Censura

3 mayo, 2016 4 mins de lectura
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Desde hace 23 años, cada 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa y, aunque esta celebración se circunscribe al periodismo, en Let’s Kinky queremos extender el festejo y conmemorar la libertad de publicación y difusión de ideas en general, puesto que sin ella quizá no existiríamos. Con esta intención, y a sabiendas de que el sexo ha sido uno de los temas más vetados de la historia, queremos recordar a algunos de los autores de literatura erótica que más sufrieron el vituperio y la censura de su tiempo.

Aunque parezca extraño, las culturas antiguas se manifestaron siempre mucho más abiertas y desinhibidas respecto al sexo y el erotismo. Los griegos y los romanos, por ejemplo, no conocieron este tipo de censura; por el contrario, muchos de los comportamientos sexuales que hoy consideramos “fuera de la norma” o “pervertidos” eran, para ellos, motivo de regocijo y temas dignos de ser expresados literariamente: los ritos de fertilidad, la homosexualidad, las orgías y el sexo oral eran temas recurrentes en la literatura de esa época y el público estaba acostumbrado a ellos.

En el siglo XIV, Giovanni Boccaccio escribió El Decamerón, un conjunto de cien cuentos censurado por hablar de temas eróticos y sexuales de forma muy transgresora; en algunos cuentos, por ejemplo, se narran aventuras de monjes seduciendo monjas o de jóvenes sosteniendo relaciones sexuales al aire libre. El libro fue prohibido en su tiempo y a tal grado impactó las consciencias moralistas que, ya entrado el siglo XX, magistrados ingleses ordenaron la destrucción inmediata de todos los ejemplares.

Del siglo XVIII, destacan dos autores, uno inglés y otro francés. El primero, John Cleland, escribió el libro Memoirs of a Woman of Pleasure, más conocido como Fanny Hill, en el que se relatan las aventuras de una mujer sexualmente liberada y dominante que realiza todas sus fantasías. El segundo fue el Marqués de Sade, cuya obra defiende que el hombre tiende al vicio por naturaleza; este argumento se ejemplifica con los actos sexuales violentos y despiadados realizados por sus personajes, todos narrados de forma absolutamente explícita. Ambos autores fueron perseguidos y censurados durante más de dos siglos.

la censura del sexo

Es un dato conocido que la obra del Marqués de Sade dio lugar a la creación del término “sadismo”, pero pocos saben que la palabra “masoquismo” también proviene de la literatura: el autor austríaco Leopold von Sacher-Masoch, en su libro La Venus de las Pieles, cuenta la historia de un hombre que le pide a su amada que lo humille y lo trate como su esclavo; este personaje declara abiertamente: “el dolor posee para mí un encanto raro, y nada enciende más mi pasión que la crueldad de una mujer hermosa”.

Ya en el siglo XX, y a pesar de todos los avances tecnológicos y científicos, el sexo continuaba siendo estigmatizado y aquel que se atreviera a hablar del tema de forma disruptiva e inusual, pasaba forzosamente por el filtro de la censura. Este fue el caso de escritores como Henry Miller y Georges Bataille. Miller es conocido, principalmente, por sus novelas Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio, las cuales le costaron un proceso judicial por obscenidad y pornografía en los Estados Unidos. Por su lado, Bataille se vio obligado a publicar su Historia del Ojo de manera clandestina y bajo seudónimo debido a los temas que exploraba (sexo en grupo, erotismo de los fluidos, inserción de objetos, entre otros).

No podemos cerrar este artículo sin mencionar a la quizá más reconocida autora de literatura erótica del siglo XX: Anaïs Nin. Siempre con una carga erótica, poética y reflexiva sin igual, Nin explora, tanto en sus Diarios como en sus libros de relatos, temas como el voyerismo, el incesto y las relaciones lésbicas; éstas últimas, particularmente, cambiaron su manera de pensar y vivir su sexualidad. Sus capacidades literarias hicieron que trascendiera el apelativo de “la amante de Henry Miller y su esposa” y encontrara un lugar propio en la historia de la literatura.

censura y sexo

Aunque podría pensarse que con el tiempo y la apertura sexual, la censura terminaría por morir, la verdad es que no; la censura fue y sigue siendo el mejor instrumento para coaccionar el pensamiento y frenar la libertad de la gente.

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