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Erika Lust: el personaje más Kinky del cine erótico

Por: Redacción Kinky

Si eres de los que cree que el porno y el arte no se llevan, Erika Lust llegó para demostrarte que te equivocas.

Erika Lust: el personaje más Kinky del cine erótico
Si eres de los que cree que el porno y el arte no se llevan, Erika Lust llegó para demostrarte que te equivocas.

Para la mayoría de la gente, decir “porno” y “arte” es como decir “agua” y “aceite”. La imagen que normalmente nos viene a la cabeza cuando pensamos en pornografía es, cuando menos, grotesca: escenarios improvisados y de mal gusto, argumentos pésimos o de plano inexistentes, tomas burdas, close-ups sin gusto y actores a los que la palabra les queda grande. La antítesis total del arte cinematográfico creado por los Lumière, ¿cierto?

Pues a inicios de los años 2000, una chica sueca apasionada por el erotismo, y que estudiaba Derechos Humanos y Feminismo, comenzó a cuestionarse acerca de esto: ¿por qué los productos audiovisuales sexualmente explícitos tienen que caer siempre en la vulgaridad y el grotesco? ¿Por qué no se concibe hacer cine pornográfico con todas las características de una película de autor? Así que esta guapa mujer, conocida hoy como Erika Lust, se dijo a sí misma: “¡Es hora de que el porno cambie!”

Para empezar, Erika ha decidido ser muy clara en la terminología: sus productos son películas eróticas, no pornográficas. ¿Por qué la diferencia? Porque, inevitablemente, la palabra y la industria pornográfica tiene connotaciones que Lust quería evitar a toda costa, como la vulgaridad, la explotación de las mujeres en la industria, la trivialidad de las historias y la ausencia de los elementos estéticos que componen una buena película.

Before the guests arrive

Así pues, Lust se ha convertido en una creativa que hace porno con todo el cuidado y la sensibilidad con que cualquier director hace sus películas. Pone toda la atención del mundo en que sus escenarios sean visualmente atractivos, en generar una atmósfera sensual, en que las tomas sean interesantes y diversas y, sobre todo, en contar una historia interesante, capaz de cautivar tanto a hombres como a mujeres. 

Y es que, además de lo mencionado arriba sobre la falta de “poética artística” en el porno, a Erika le molestaba profundamente otro aspecto: el papel que la mujer juega casi sin excepción en estos filmes: la que obedece, la pasiva, la sumisa, la mujer-objeto, la que paga con favores sexuales, etc. Según Lust, esto le resulta atractivo mayoritariamente a los hombres y pocas mujeres se erotizan realmente viendo estos contenidos.

filmes de Erika Lust

En el primer capítulo del documental Turned On de Netflix, Lust declara: “Cuando miro el porno común, no me alcanza, para mí no es bueno; yo quiero algo más: quiero emoción, quiero pasión, quiero intimidad, quiero sentir con ellos”. Con esta premisa y con la firme intención de que no solo los hombres pueden trabajar en esta industria, Erika realizó su primer corto, The Good Girl, y su primera película: Cinco historias para ellas.

No fue fácil para ella ganarse un lugar y convertir su idea en un negocio real, para empezar por la predominancia del género masculino en toda la industria, y para seguir porque, como ella misma lo menciona en Turned On, el internet se ha vuelto un enemigo para los pocos que quieren hacer cosas de calidad en este medio: la mayoría de la gente prefiere ver cosas de mala calidad con tal de no pagar, y como en la web hay catálogos casi infinitos de material gratuito, la ecuación se vuelve complicada.

XConfessions

Sin embargo, felizmente, en el caso de Lust la calidad le ha ganado a la cantidad: miles de personas se han vuelto admiradoras del trabajo de Erika y están dispuestas a pagar una pequeña cantidad (la suscripción a su página) para ver contenidos eróticos novedosos, estéticamente finos y elegantes y, sobre todo, sumamente sensuales. Hoy en día, el estudio de Erika Lust en Barcelona es la fuente principal de ingresos para ella, su marido y más de 20 empleados fijos.

El trabajo de Lust es calificado por muchos como “porno feminista” (o Fem-Porn), por la ruptura de estereotipos de género en sus historias, y como “porno artístico”, por los estándares de calidad cinematográficos en sus producciones; y aunque muchos la critican por haberse atrevido a entrar a un mundo construido por y para hombres, en Let’s Kinky la amamos por la calidad de sus trabajos y porque consideramos que ha logrado el objetivo que se propuso: “Yo no quiero sacar a las mujeres del porno, quiero hacer que a las mujeres les guste el porno”.

¡Atrévete a ver algo distinto y experimentarás cosas distintas!

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